HE APRENDIDO
Nada ni nadie puede afectar mi destino, solo yo puedo hacerlo -como dios en mi propio destino- de mi depende volver a comenzar cuando lo he perdido todo, nadie me lo puede impedir
He aprendido que la distribución de probabilidades para que un hecho se de es de 50% tanto igual a que no se de 50%, hasta el segundo mismo de su ocurrencia, fijarlas en otro nivel no hará que se altere su composición.
En
la cotidianidad, la probabilidad de que el día de mañana me lleve el premio de
la lotería local es del 50% y que no me lo lleve tanto igual 50%.
Tanto
en sentido positivo como negativo, las probabilidades de ocurrencia de un
evento son siempre de un 50%, ni más ni menos, nos guste o no.
De
esta forma, que el día mañana amanezca el mundo con la noticia de que un cometa
no visto se dirige hacia la tierra para impactarla y destruirla, tiene el 50%
de probabilidad de que nunca aparezca y el 50% de que sí.
Tanto
en lo más complejo como en lo más simple, esta ley es universal y siempre estará
presente en todos los momentos de nuestra vida y luego de esta.
Nótese
que el 50% de probabilidad que poseo a mi favor es motivo suficiente para
sentirme dichoso, ya que con este nivel bien podría alcanzar las estrellas si así
me lo llegara a proponer.
Es que,
si se puede ver, no se trata de que tengo el 1% a mi favor y el 99% en mi
contra, sino de un porcentaje lo suficientemente alto como para motivarme al máximo
nivel.
Con
esto estaría destrozando todos los postulados de los falsos filósofos y
profetas del caos.
He
aprendido que en la vida tengo el 50% de probabilidad de triunfar y el 50% de
fracasar y en el fracaso tengo el 50% de acabar de destruirme y el 50% de
reactivarme para volver a empezar.
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