Es mejor ver los toros de lejos y no participar de ciertos banquetes
Ciertamente, es la ingenuidad la culpable de que seamos presa fácil de los hacedores de mal en cualquiera de sus formas. Es el medio, el sistema el que facilita aquellos relacionamientos con personas no convenientes, personas que disfrazadas ya sea de bondad o de actualidad, practican artes oscuras y nos utilizan para sus fines macabros, fines de todo tipo, muchos disfrazados de religiosidad, sometiéndonos a sus objetivos y convirtiéndonos a su conveniencia. Es el valle de desolación y muerte al que terminamos perteneciendo.
La
riqueza produce arrogancia, la pobreza produce humildad, no estoy hablando de
cultura ni de educación, hablo de personalidad. Pero, no se trata de ser ni
rico ni pobre, se trata de ser gente y para ser gente se requiere vencer la
ignorancia y la dependencia de otros. Es debido a esto que, no es aceptable y
es hasta ilógico que se utilice por parte del sector evangélico el
relacionamiento de la abundancia como una bendición de Dios. No se debe ni se
puede utilizar el discurso de abundancia como la llave para evadir la pobreza,
lo lógico es hablar de cubrir las necesidades y alcanzar un equilibrio en la
vida. Hablan y predican sobre la abundancia porque es lo que todos buscan, si
predicaran de pobreza como bien deberían hacer, pues, a nadie interesaría. Los
adjetivos calificativos de riqueza y pobreza son estigmatizantes y no deberían
existir, y esto es lo que justamente se comercializa en los pulpitos evangélicos,
estos adjetivos denigrantes son la fórmula de su existencia y la razón de su manipulación.
Demócrito,
filósofo fundamental de la Antigua Grecia, se erigió como el máximo exponente
del atomismo, una teoría materialista que transformó radicalmente la concepción
del cosmos. Postulaba que toda la realidad existente se componía de átomos:
partículas indivisibles, eternas y en perpetuo movimiento dentro de un vacío
infinito. La diversidad del mundo, con todos sus objetos y fenómenos, surgía
del encuentro, la combinación y la separación azarosa de estas partículas
fundamentales. Su visión excluía cualquier intervención divina o destino; los
procesos cósmicos se regían por leyes mecánicas inherentes a la naturaleza.
Demócrito fue pionero al extender esta explicación materialista a la esfera de
lo humano, argumentando que la percepción, los pensamientos e incluso el alma
eran el resultado de la interacción de átomos particularmente sutiles y
dinámicos. Más allá de su legado científico, Demócrito desarrolló una profunda
filosofía ética. Afirmaba que la auténtica felicidad, o eudaimonía, no se
alcanzaba mediante riquezas o placeres efímeros, sino a través de una vida
serena, gobernada por la sabiduría y el equilibrio interior. Esta búsqueda de
la tranquilidad del alma le valió el apodo de "el filósofo risueño",
reflejando su optimismo y su fe en el conocimiento como camino para una
existencia plena.