Canto III - Vestibulo (Anteinferno)




El Canto Tercero de El Infierno de Dante se inicia con la sobrecogedora inscripción de la puerta que da acceso al Vestíbulo del Infierno (el Anteinfierno), un lugar reservado a las almas de los indolentes o apocados, aquellos que en vida se negaron a tomar partido por el bien o por el mal, y por ello son despreciados tanto por Dios como por el Diablo. Estos "miserables que nunca estuvieron vivos" (como los llama el poeta) corren desnudos, atormentados por tábanos y avispas que les extraen sangre y lágrimas, las cuales, al caer, son chupadas por gusanos. Su castigo es la eternidad de la inacción y la ignominia, obligados a perseguir una bandera sin enseñas, sin rumbo ni ideal.

i
Este vestíbulo tiene como límite el río Aqueronte, la primera de las corrientes infernales y la frontera del verdadero Infierno, adaptando el concepto de la mitología griega. Tras la escena de los indolentes, Dante y su guía, el poeta Virgilio, se acercan a la orilla del río. Es allí donde se manifiesta la figura de Caronte, el temido barquero mitológico, que aparece en su barca vociferando. Caronte es descrito por Dante como un viejo cano de pelo antiguo y ojos ardientes, un demonio con una mirada abrasadora que se encarga de transportar a todas las almas condenadas a la orilla opuesta, hacia el lugar de su tormento.

El papel de Caronte en la obra dantesca se mantiene fiel a su tradición grecorromana como el encargado de cruzar a los difuntos a través de la corriente infernal. Sin embargo, en el Canto Tercero, el barquero detecta inmediatamente que Dante es un ser vivo y se niega airadamente a llevarlo en su barca, ordenándole que se aleje de entre los muertos. En un momento de gran tensión, Caronte le dice a Dante que por un camino distinto y con una barca más liviana deberá pasar el río, en lo que es una premonición de que no será una alma condenada y que su viaje ha sido dispuesto por el poder divino, aludiendo a que una "alma buena" nunca cruza por ese punto.

Ante la amenaza y la negativa de Caronte, Virgilio interviene con autoridad, invocando la voluntad de Dios para silenciar al demonio, pronunciando la célebre frase: "Quiérese así donde se puede / aquello que se quiere, y no preguntes más". Esta intervención subraya que el viaje de Dante es un milagro permitido por el Cielo. Habiendo recibido la orden divina, Caronte, con rabia contenida, se resigna a cumplir su labor. Las almas, que hasta entonces dudaban, cambian de color y castañean los dientes, arrojándose con desesperación hacia la barca al recibir la señal del barquero, como un pájaro al reclamo, urgidas por la justicia divina.

El tránsito de Dante a través del Aqueronte no se narra directamente. En el clímax del canto, la llanura oscura tiembla con un violento terremoto que la tierra lagrimosa emite. Un relámpago rojizo y enceguecedor irrumpe en la oscuridad, y el poeta cae fulminado, perdiendo el sentido "como el hombre a quien vence el sueño". Este desvanecimiento onírico le permite a Dante ser transportado a través del río de manera sobrenatural, sin participar del viaje de los condenados en la barca de Caronte y sin tener que atestiguar la llegada de su alma viva al infierno, lo que habría sido incompatible con su misión providencial. 

Entradas populares de este blog

Resumenes

HISTORIA DE LA EDAD MEDIA

La genealogía de la moral