Canto XXI - Los fosos de brea negra

 


El Canto XXI del Infierno de Dante Alighieri se abre con Dante y Virgilio contemplando la nueva bolgia, un foso lleno de brea negra y hirviente que burbujea continuamente, un castigo que simboliza las artimañas oscuras y pegajosas que los malversadores emplearon en vida para obtener ganancias ilícitas mediante la venta de oficios públicos, la extorsión o el fraude. La brea hierve, no por fuego terrenal, sino por "arte divino". Dante queda fascinado por la escena, comparándola con el ajetreo de un astillero veneciano, donde la brea se utiliza para calafatear barcos, una analogía terrenal que contrasta con la sobrenaturalidad del castigo.

La tranquila observación de la brea se rompe dramáticamente con la llegada de un demonio negro que porta a un pecador florentino (que los demonios buscan lanzar de cabeza en el pegajoso alquitrán) y se dirige a sus camaradas. Este pecador, un anciano de Santa Zita de Lucca, un lugar que según el demonio está "lleno de barateros", es arrojado sin piedad a la fosa. La inmersión inmediata es el castigo: si el malversador intenta asomar la cabeza para mitigar su dolor, los demonios, llamados Malebranche ("Malas Zarpas"), están listos para hundirlo de nuevo con sus garfios y tridentes, como si cocinaran carne en un guiso.

La parte central del canto presenta a la temible y cómica cohorte de demonios Malebranche, liderados por Malacoda ("Mala Cola"). Este grupo de diez diablos es el encargado de custodiar la quinta bolgia. Malacoda se acerca a los poetas con amenazas, pero Virgilio lo detiene, explicando que su viaje es una misión divina y que su paso ha sido dispuesto por el Cielo. Malacoda, un demonio embustero por naturaleza, parece resignarse y se ofrece a asignarles una escolta de diez de sus secuaces, a los que nombra uno por uno, con nombres grotescos que reflejan su naturaleza, como Barbariccia ("Barbazanca") y Ciriatto ("Porquerizo").

La interacción entre Virgilio y Malacoda se convierte en una farsa infernal. El líder de los demonios informa a Virgilio que el puente que cruza la bolgia justo delante de ellos está roto y les aconseja tomar un camino alternativo sobre un segundo puente que, según su mentira, está intacto un poco más adelante, justo en el sexto arco. Esta información es falsa, parte del ardid malicioso de Malacoda para engañar a los poetas, una mentira que se revelará en el canto siguiente. La credulidad inicial de Virgilio resalta la naturaleza fraudulenta inherente incluso a los guardianes del fraude.

El clímax y cierre del canto es la preparación para la partida de la escolta diabólica, que se pone en marcha bajo la guía de Barbariccia. La escena es una parodia militar y grotesca: los diez Malebranche se disponen a acompañar a los poetas, con Barbariccia a la cabeza, dirigiendo el pelotón de forma cómica. La orden de marcha no es dada con una trompeta marcial, sino de una manera escatológica y burlesca, con Barbariccia haciendo una señal sonora con su propio trasero, cerrando el canto con una nota de humor bajo y una imagen memorable y degradante que subraya el registro cómico y popular que Dante aplica a este segmento del Malebolge.

El Canto XXI introduce el tono cómico-realista o cómico-bajo que domina el castigo de los malversadores. La brea, al ser oscura, espesa y maloliente, encapsula la naturaleza oculta y sucia de la corrupción política y financiera. Los demonios, con sus nombres ridículos y su comportamiento bufonesco (que sin embargo es real y peligroso para los pecadores), funcionan como una parodia de las milicias o funcionarios de la época, mostrando que el malversador es castigado con la misma burla y traición que practicó. El canto critica la política de la Florencia y la Italia de Dante, donde la malversación (baratteria) era un vicio rampante, incluso sugiriendo que la ciudad de Lucca estaba particularmente infestada.

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