El Paraíso Perdido - John Milton

 


La épica de John Milton, El Paraíso Perdido, inicia dramáticamente con Satanás y sus legiones de ángeles caídos en el Infierno, un lugar descrito como un "desierto oscuro y ardiente," tres veces apartado de la luz del Cielo. Tras ser derrotado en una "guerra impía" contra Dios y arrojado al abismo por nueve días, Satanás despierta en un lago de fuego, consumido por un odio implacable y el recuerdo de la felicidad perdida. Su primera reflexión es de orgullo inquebrantable y desafío; es el retrato de un líder caído que se niega a someterse. Aunque encadenado y dolorido, se jacta ante su lugarteniente, Belcebú, de haber escapado de la Estigia (un río infernal) por su propia fuerza y no por la "condescendencia del Poder supremo".

La figura de Satanás es monumental, poseedor de una estatura enorme que empequeñece al más alto pino, y a pesar de su condición miserable, conserva una dignidad y capacidad de oratoria que lo convierten en el personaje más fascinante y complejo de la obra. Su famosa frase, "Mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo", resume su ética de la rebelión y su decisión de mantener la autonomía a toda costa. Reúne a sus tropas aturdidas y las motiva con palabras de valor y venganza, transformando su derrota en un nuevo propósito. La desesperación y la humillación se canalizan en una nueva guerra, pero no de fuerza, sino de astucia y engaño.

El plan de venganza de Satanás se centra en corromper la nueva creación de Dios: la Humanidad, que habita en el Paraíso, un reino de felicidad perfecta. Convocando a sus seguidores, construyen en un tiempo asombroso el magnífico castillo de Pandemonio, la capital de su nuevo dominio, desde donde forjarán sus maquinaciones. Satanás se presenta como un revolucionario que busca la libertad y el autogobierno, negándose a aceptar la autoridad de Dios. Esta postura le ha valido ser admirado por críticos románticos como William Blake y Percy Bysshe Shelley, quienes lo vieron como un héroe trágico y un arquetipo de la rebelión contra la tiranía.

Para llevar a cabo su venganza indirecta, Satanás emprende un arduo viaje desde el Infierno a través del Caos hasta la Tierra, determinado a causar la Caída del Hombre. Utilizando su habilidad para la manipulación y el disfraz, logra engañar al arcángel Uriel para que le muestre el camino al Edén. Finalmente, disfrazado de serpiente, se infiltra en el Paraíso y enfoca su seducción en Eva. Apela a su curiosidad y ambición, acusando a Dios de querer mantenerlos "sumisos e ignorantes" y prometiéndole que, al comer el fruto prohibido del Árbol del Conocimiento, ella y Adán serán "como dioses". Su elocuencia retórica triunfa donde la fuerza bruta fracasó, logrando la desobediencia.

El éxito de Satanás al causar el Pecado Original marca la entrada del mal y la muerte en el mundo, un logro que lo llena de una alegría ebria. Sin embargo, su triunfo es efímero. A su regreso al Infierno, en lugar de ser aclamado, él y sus legiones son transformados por el castigo divino: los ángeles caídos se convierten en horribles serpientes, y el propio Satanás en un dragón silbante. Este acto final subraya que, aunque la retórica del ángel caído es poderosa, su destino es la frustración y la humillación. A pesar de su grandeza como adversario, la obra de Milton lo presenta como un ser consumido por el orgullo que, a pesar de su rebeldía, solo puede triunfar en su miserable reino. 
La representación de Satanás, el Pecado y la Muerte a las puertas del Infierno constituye uno de los pasajes más icónicos y dramáticos del poema épico El paraíso perdido de John Milton. Este encuentro se da cuando Satanás, tras su derrota y expulsión del Cielo, emprende su viaje desde el Averno a través del Caos, con la intención de vengarse de Dios corrompiendo a la nueva creación: el Hombre. La majestuosidad de Satanás, a pesar de su caída, contrasta con la espeluznante naturaleza de sus vástagos, revelando las consecuencias directas de su rebelión.

A las Puertas del Infierno, el camino de Satanás es bloqueado por dos figuras aterradoras y simbólicas: una mujer monstruosa y un espectro sombrío. La figura femenina se revela como Pecado (Sin), una criatura nacida de la propia cabeza de Satanás en el Cielo, al igual que Palas Atenea de la cabeza de Zeus. Pecado es descrita con un rostro de mujer de gran belleza en su parte superior, pero con una serpiente que envuelve su parte inferior, y que está constantemente pariendo una jauría de sabuesos infernales que la asedian y vuelven a entrar en su vientre, simbolizando el ciclo incesante de la transgresión y el tormento.

La segunda entidad que custodia las puertas es Muerte (Death), un espectro oscuro y horrendo, "una sombra negra", cuya forma es indefinida, pero inspira terror absoluto. Muerte resulta ser el hijo incestuoso de Satanás y Pecado, concebido después de la caída en el Infierno. Su función es ser el conquistador final de todo, y en su primer encuentro con su padre, un duelo está a punto de desatarse, frenado solo por la intervención de Pecado. Este trío demoníaco y familiar establece la genealogía del mal que Milton utiliza para personificar los males del mundo.

Satanás, astutamente, se dirige a Pecado y Muerte con promesas de un nuevo imperio, el mundo recién creado de Dios, donde podrán reinar y alimentarse a sus anchas. Pecado, llena de gozo al ser reconocida como la "segunda descendencia de Satanás" por su hijo Muerte (en el Libro X), siente un placer perverso al abrir las puertas. Estas puertas se describen como nueve veces triples, con tres de bronce, tres de hierro y tres de roca adamantina, que solo Pecado puede abrir usando la llave que se le dio. Al abrirlas, liberan las puertas del Infierno y el Caos.

Este encuentro es crucial porque no solo establece la conexión inevitable entre el Pecado y la Muerte como descendientes y aliados directos de Satanás, sino que también presagia la desdicha de la humanidad. Una vez que Pecado y Muerte son liberados y se les promete el dominio sobre la Tierra, construyen un puente sobre el Caos, desde el Infierno hasta la Tierra, facilitando el camino del mal hacia la creación de Dios. Así, el pasaje sirve como una advertencia sobre la omnipresencia del mal una vez que se le ha dado entrada, y cómo la desobediencia de Adán y Eva permitirá que este trío imponga su reinado de miseria sobre el mundo mortal.



En El Paraíso Perdido de John Milton, “Satanás en el Consejo” es uno de los episodios más significativos del poema épico, ubicado en el Libro II. Después de haber sido arrojado del Cielo junto con sus legiones rebeldes, Satanás convoca a sus seguidores en el Pandemónium, el fastuoso palacio infernal construido por los demonios bajo la dirección de Mammon. En este consejo, los príncipes infernales deliberan sobre qué acción tomar tras su derrota. La atmósfera del concilio es solemne, grandiosa y llena de una falsa majestuosidad, pues aunque el Infierno brilla con fuego y oro, representa la corrupción y la ruina del orden celestial.

Durante el consejo, Milton presenta un debate político y filosófico entre los caídos. Moloch, símbolo de la violencia ciega, propone continuar la guerra abierta contra Dios, sin importar las consecuencias. Belial, más elocuente pero cobarde, aboga por una política de inacción, disfrazando su cobardía con un falso pacifismo. Mammon, el amante de las riquezas, sugiere aceptar el dominio infernal y crear su propio reino de esplendor en las profundidades del abismo. Cada uno de estos discursos representa distintas formas de orgullo y corrupción moral, pero todos comparten el rechazo a la obediencia divina.

Finalmente, Beelzebub, mano derecha de Satanás, toma la palabra y expone la propuesta que marcará el curso del poema: no atacar al Cielo directamente, sino vengarse corrompiendo la nueva creación de Dios, el ser humano. Su discurso es estratégico y calculador, y aunque parece una idea colectiva, en realidad expresa la voluntad de Satanás mismo, quien había inspirado esa decisión. La asamblea aprueba unánimemente el plan, y Satanás se ofrece como voluntario para realizar la misión, demostrando su astucia y liderazgo retórico.

El viaje que emprenderá Satanás tras el consejo simboliza tanto su grandeza trágica como su degradación moral. Se presenta como un héroe oscuro que desafía el poder absoluto de Dios, pero su heroísmo es ilusorio: es impulsado por la soberbia y el odio, no por la libertad ni la justicia. Milton logra que el lector experimente una mezcla de admiración y repulsión hacia Satanás, un personaje de compleja psicología que, pese a su caída, conserva el poder del intelecto y la palabra, aunque al servicio del mal.

En conjunto, “Satanás en el Consejo” refleja la visión política, teológica y moral de Milton. La escena muestra cómo el mal busca justificarse mediante la razón y la elocuencia, pero termina revelando su esencia destructiva. El Pandemónium se convierte en un espejo del orgullo humano y del abuso del libre albedrío. A través del consejo infernal, Milton plantea una advertencia universal: incluso los más sublimes dones —la inteligencia, la libertad, la oratoria— pueden volverse instrumentos de perdición cuando se apartan de la verdad divina.