Corrupción - La eterna pandemia
En nuestro medio, la modernidad
trae consigo la pérdida de principios y valores a través de la inclusión de
prácticas deplorables, encaminadas al alcance de objetivos individuales. Hablar
de que aquellos llamados a cuidar y administrar los recursos sagrados del
estado cumplan con su propósito, ahora es simplemente un «mito»; hace mucho
tiempo atrás que aquellos «llamados» tenían el honor de ocupar una posición
representativa y realizar con honestidad su función. Ahora eso es cosa del
pasado, en el presente solo se encuentran miserables mal convencidos de su grandeza;
bipolares que, por delante como gallos de pelea que pisan sobre huevos,
trasmiten una imagen prepotente santidad y honestidad.
La verdad es desagradable, qué
triste que se haya caído tan bajo y que se pretenda continuar con estas
prácticas solo con fines personales, sin importar que millones sufran las
consecuencias de ser gobernados por lo más bajo de la escala humana. Estas personas
simplemente no deberían ser consideradas.
A su vez, la ignorancia y el miedo
provocan que los más avivados los esclavicen y sometan a sus intereses
mezquinos. Es fácil darse cuenta de la prepotencia indiscriminada de todo aquel
que representa una posición de autoridad. Esta condición solo deja ver lo bajo que
caen estas autoridades.
El reconocer la realidad en la que
vivimos nos hace libre. Así las condiciones sean totalmente adversas jamás debemos
dejar de ver las cosas con claridad y actuar para alcanzar su regularización.
Cerrar los ojos ante la ilegalidad
solo la faculta para que se venga en contra de nosotros y nos someta. Al ser
claro en la luz de verdad —y no temer—
te permitirá poner un alto a cualquier intención de sometimiento que se
intente.
Lejos de lo que se puede pensar,
la acumulación ilegal de riqueza debería dar vergüenza a quien lo realice, no
es para nada una virtud el robar y, a través de esto, acumular poder para ser
reconocido como exitoso. El origen de los recursos marca a quien los posee.

