El alma de los brutos

 

El alma de los brutos

La naturaleza del alma de los brutos es un secreto que no han podido aclarar las discusiones filosóficas. Los materialistas se han querido aprovechar de esta dificultad, y la han objetado á los defensores de la espiritualidad del alma humana. «Si el bruto, han dicho ellos, no encerrando nada más que materia, siente, tenemos que una organización puramente material puede producir sensaciones; ¿porqué, pues, mejorándose, no podría engendrar el pensamiento, la voluntad, y cuantos fenómenos hallamos en el hombre? Es sobremanera difícil el explicar la naturaleza del alma de los brutos; pero es sumamente fácil el demostrar que esta oscuridad filosófica nada prueba en favor de los materialistas. Descartes y otros filósofos han sostenido que en los brutos no había sensación, que eran meras máquinas; de suerte que todo cuanto vemos en los animales no es más que puro movimiento, producido por resortes mecánicos. Si se los punza ó quema, gritan y se agitan; si pueden huyen, ó cuando no, pican, arañan ó muer-den; pero estos fenómenos no resultan de que el animal experimente dolor, sino de que con la punzada ó el fuego hacemos mover un resorte que produce el sonido de la voz, y los movimientos consiguientes. Al montar un reloj se oye también cierto sonido y se ven movimientos, sin que el reloj experimente sensación alguna. Esta opinión filosófica no desata el nudo, lo corta: es un recurso desesperado para salir de dificultades. En su propia extrañeza lleva contra sí una prevención poderosa: quodcumque ostendis mihi sic, incredulus odi. En esta cuestión se divaga mucho, porque se quiere ir más allá de los que sus límites permiten : fijémoslos pues exactamente, que entonces habremos adelantado no poco en el camino de la verosimilitud, ya que no de la verdad. La cuestión sobre el alma de los brutos pertenece a las que hemos llamado del orden real: se trata, no de ideas, sino de hechos; es preciso pues ante todo consultar la experiencia. Veamos lo que esta nos dice. Hay en los brutos una organización que tiene cierta analogía con la nuestra. Nacen por generación, se conservan y crecen por nutrición, mueren por descomposición. Esto nos lo atestiguan los sentidos, y lo explican largamente la zoología y anatomía comparadas. En el uso de los medios para la conservación del individuo y de la especie, vemos cierta analogía con lo que nosotros ejecutamos. Buscan el alimento y lo demás que favorece á su existencia; huyen de lo que les daña; se proporcionan cosas que á nosotros nos causan placer, y se guardan de otras que nos producen dolor; en invierno se arriman á la lumbre ó se exponen á los rayos del sol, en verano se retiran á lugares frescos; siguen á quien los cuida y acaricia, se apartan de quien les pega; cuando logran lo placentero, hacen gestos que parecen de contento; cuando reciben una contusión ó herida, dan gritos, sufren convulsiones semejantes ál as que vemos en el hombre. Estos fenómenos no admiten duda; no son objetos de discusiones, pues que se ofrecen á los sentidos. La dificultad está en explicar la naturaleza del principio interno de que dimanan. Aquí acaba la observación y empieza el discurso. Como no podemos trasladarnos al interior del animal para ver intuitivamente lo que allí hay, claro es que la cuestión entre Descartes y sus adversarios no puede resolverse por experiencia inmediata. Los mayores adelantos zoológicos no conducirían mas allá de movimientos orgánicos: aferrándose Descartes en sostener que el principio de estos no es más que un ser sensitivo, no habría ningún medio de convencerle por la experiencia. La sensación no se ve ni se palpa, en este caso la observación no se extiende más allá de la esfera corpórea; confesará Descartes que hay tal ó cual fluido, tal ó cual movimiento, tal ó cual combinación química, tal ó cual semejanza con lo que produce en nosotros sensaciones; pero negará que las haya en los brutos: dirá que la semejanza no es el hecho; que aun suponiendo que no hubiese disparidad en el fenómeno, no se inferiría semejanza en su principio; y cuando se le estreche con la perpetuidad de esa armonía entre las apariencias, apelará á la omnipotencia divina, observando que si artífices humanos han llegado á construir autómatas que ejecutaban movimientos admirables, bien podría haber construido máquinas mucho más perfectas Dios, infinitamente sabio y poderoso. Preciso es confesar que será difícil triunfar completamente de un filósofo que de tal modo se encastille; pero también es necesario convenir en que el argumento de analogía es aquí tan plausible que arranca nuestro asenso con una fuerza que no alcanzamos resistir. Bien podemos creer que el mismo Descartes se olvidaba de su opinión al levantarse de su bufete, y que al oír el vivo maúllo del gato cuya pata pisaba, no debía de pensar que aquello fuera el sonido de un órgano cuyas teclas se habían tocado. Descansaremos pues tranquilamente en la razón de la analogía, ya que en la misma descansa el sentido común; no es buen modo de conducir una cuestión filosófica el empezar por contradecir al género humano. Así, admitiendo en los brutos sensaciones verdaderas tales como nos las indican los fenómenos, ventilaremos las demás cuestiones que á este punto se refieren. Fijaré las ideas y deslindaré las cuestiones con la mayor precisión que alcance. La materia lo exige. ¿El principio sensitivo de los brutos es materia? No. La materia es incapaz de sentir: No. ¿El alma de los brutos es espiritual? No. Porque por espíritu entendemos una sustancia simple, inteligente y libre; y la libertad é inteligencia no se hallan en los brutos. La experiencia lo atestigua. ¿El alma de los brutos es inmaterial? Sí. La inmaterialidad implica negación de materia; habiendo, pues, demostrado que no es materia, no la podemos hacer material sin incurrir en contradicción. ¿La inmaterialidad es sinónimo de espiritualidad? No. La inmaterialidad solo expresa negación de materia; la espiritualidad, á más de esta negación significa sustancialidad, simplicidad, inteligencia y libertad. ¿Hay medio entre lo material y lo inmaterial? No. Porque no le hay entre la afirmación y la negación. ¿Hay medio entre la materia y el espíritu? Sí. Porque un ser que no sea materia y que no tenga las propiedades contenidas en la espiritualidad, será este medio que buscamos. Hemos demostrado que el alma de los brutos no es materia, ni tampoco espíritu; luego es un ser medió entre materia y espíritu. ¿Cuál es la íntima naturaleza, la esencia de esa alma, ser medio entre el cuerpo y el espíritu? No lo sé; y hasta me parece que la cuestión es irresoluble. El alma del bruto no la conocemos por intuición intelectual; no la sentimos por experiencia interna, pues que no está en nuestro interior; no la percibimos con los sentidos, pues que estos no pasan de los fenómenos de observación; no cae bajo ninguna de las ideas que hemos llamado intuitivas; luego solo la podemos conocer por un concepto general, en que entren los de inmaterial, y sujeto en el que se hallan los fenómenos sensibles.  Estos son los límites de la cuestión: cuanto salga de ellos es conjetura más ó menos verosímil, pero que no puede elevarse á certeza. Fijados los límites de la cuestión en lo relativo á la esencia del principio sensitivo de brutos, examinemos el valor de dificultad que se nos objeta para probar que el hombre no encierra un principio espiritual, y que es únicamente un bruto más perfecto. Asentado que el alma de los brutos no es materia, lejos de que la inmaterialidad del nuestro vacile, queda más afirmada: el argumento es a fortiori, y se retuerce contra los adversarios; ellos decían: << el alma de los brutos es materia, luego también puede serlo la del hombre; >> y nosotros contestamos: el alma de los brutos no puede ser materia; luego mucho menos lo será el alma humana. >>>  En lo tocante á la espiritualidad, también queda resuelta la cuestión. Por espíritu entendemos una sustancia simple, inteligente y libre: el alma humana tiene estos atributos y la del bruto carece de inteligencia y libertad; luego aquella es espíritu y esta no. Las dos son inmateriales, es cierto; porque ambas carecen de materia. Luego las dos son espirituales; niego la consecuencia, porque inmaterialidad no es sinónimo de espiritualidad. La somsibilità en el hombre se eleva inmensamente sobre la que participa de la inteligencia y así es que no solo tiene las impresiones de los sentidos, sino que percibe la belleza y armonía del mundo sensible, El bruto que se hallara en la cámara donde trabajaban Miguel Angell & Rafael, vería las mismas figuras y colores que ellos, es cierto, pero comparad si os atrevéis que la sensibilidad estúpida con la sublime inspiración del artista. De estas consideraciones que sería muy fácil ampliar resulta claro, que aun no considerando más que el orden sensible, el hombre se eleva inmensamente sobre los brutos; quien lo niegue no merece los honores de la refutación. El hombre, a más de los fenómenos sensibles, percibe en los objetos sentidos un hecho común: la extensión; y halla en la una idea fecunda de donde nace a una vasta ciencia: la geometría. El bruto siente los objetos extensos; pero no conoce la extensión; con lo primero atiende a sus necesidades, más por la falta de lo segundo no se eleva como el hombre a las ideas geométricas, que conducen a la explicación de las maravillas del universo. Lo propio sucede con el número: el bruto ve conjuntos de unidades; pero no conoce el número ni la unidad; y así carece de los elementos de la aritmética universal, que combinada con la geometría nos descifra los arcanos de la naturaleza. De aquí resulta el dominio que el hombre adquiere sobre el mundo corpóreo, y la servil rutina á que está condenado el bruto: este obedece á un orden fijo, que no alcanza á modificar ni para sus propios usos; aquel, si bien no puede cambiar las leyes de la naturaleza, neutraliza las unas con las otras, o las dispone de modo que se auxilien, según los efectos que intenta producir. La hormiga construye sus pequeños almacenes, la abeja labra sus panales, el castor fabrica sus diques, la golondrina su nido; pero siempre de una misma manera, sin un adelanto, sin la más pequeña mejora. Mil y mil veces sufren en su obra las mismas contrariedades de parte de los hombres ó de la naturaleza, y otras tantas se exponen á sufrirlas. ¿Esto qué indica? Indica que proceden sin conocimiento, sin elección, por instinto, por un impulso necesario á que no pueden resistir. Admiremos este instinto, la admiración es justa, porque se dirige á la bondad y sabiduría del Criador; pero reconozcamos la superioridad de la inteligencia, y no seamos tan necios que al ver un panal ó un nido, confundamos á sus artífices con la especie humana, con el hombre que ha construido las pirámides de Egipto, los anfiteatros antiguos, el Escorial, San Pablo de Londres, San Pedro de Roma, el Túnel del Támesis; que ha cubierto el mundo de casas, aldeas, pueblos, ciudades como Nínive, Babilonia, Pekín, Roma, París, Londres; que ha unido los puntos de la tierra con redes de caminos; que ha echado sobre los ríos infinidad de puentes soberbios; que hace tributarias de la agricultura y de la industria las aguas de las fuentes, lagunas, y hasta de las entrañas de la tierra; que ha convertido los desiertos en amenos jardines, y los eriales en campos de mieses, en feraces vegas, en verdes praderas; que domina la furia de los elementos, y se lanza impertérrito al través de los mares; que construye admirables mecanismos medidores del tiempo á imitación de los astros; que dispone combinaciones asombrosas que elaboran por sí solas los más admirables artefactos; y que intenta ya dominar los aires, y se levanta osado á grandes alturas; que ha logrado anular las distancias, tomando á su servicio la electricidad para la trasmisión del pensamiento: á la especie humana, que ha hecho estos prodigios y que adelanta cada día en su carrera á pasos agigantados, no la confundáis por piedad con los brutos; no comparéis con esas obras del genio el nido del ave, el panal de la abeja ó el dique del castor; que semejantes comparaciones son insensatas, y casi dejan de ser impías á fuerza de ser ridículas. Si con respecto á las cosas materiales hallamos tanta diferencia entre el hombre y el bruto, ¿qué será si nos elevamos á lo puramente intelectual y moral? Las ideas de ser, sustancia, causa, efecto, bueno, malo, lícito, ilícito, virtud, vicio, derecho, deber, justicia, equidad, ¿se hallan por ventura en los brutos? El amor de la gloria, la amistad, la admiración, el entusiasmo, el sentimiento de la belleza, de la sublimidad, la percepción del conjunto de las relaciones morales del ser criado para con Dios, para consigo y sus semejantes, ¿se hallan acaso en los brutos? El deseo de la inmortalidad, la previsión del porvenir, la ansiedad sobre el último destino, el presentimiento de los secretos del sepulcro, ¿se vislumbran ni siquiera en los brutos? Siglos ha que están en la tierra, ¿por qué no se han igualado con el hombre? ¿Porqué al menos no se le han aproximado? ¿Por qué no han encontrado un medio de comunicación? ¿Por qué no se valen de la escritura y de la palabra? Delante de sí tienen á la sociedad humana; son las víctimas de ella, sufren la más terrible opresión, y no aciertan á discurrir nada para emanciparse. Comparadlos con esos negros, á quienes la crueldad maltrata y humilla : también el pobre esclavo sufre y se halla frecuentemente asemejado á los animales que le rodean; su entendimiento está sumido en la ignorancia; su voluntad se halla embrutecida; en su figura y ademan se pintan la degradación en que vive; pero guardaos de confundirle con el bruto: que brilla en sus ojos la centella de la inteligencia y arde en su corazón la llama del orgullo; sabe meditar sobre su suerte; sabe compararse con sus compañeros de infortunio; sabe levantarse en un día señalado, y degollar á sus amos, y proclamar independencia y libertad; si la suerte le es adversa, sabe poner fin á sus días apelando al suicidio. Esto hace el hombre en su ínfima escala; nada de esto hace el bruto. Siglos hace que el caballo soporta el freno; y el mulo, y el asno, y el camello llevan tranquilamente su carga; y que los ganados se ven conducidos al matadero para alimento del hombre; y no han pensado nunca en sublevarse; no han concebido jamás los terribles proyectos de que vemos ejemplos espantosos entre los esclavos antiguos y modernos. Inútil seria esforzar más los argumentos que prueban la superioridad del hombre, la diferencia esencial que le separa de los brutos; la oscuridad que pueda haber en las cuestiones sobre el alma de los irracionales á nada conduce cuando se trate de igualarla ni compararla con nuestro espíritu inteligente, libre, conocedor de sí propio y del universo, que se eleva hasta la causa primera, y se lanza fuera del tiempo por las regiones de la eternidad. Dificultades se hallan en el mundo vegetal; ¿y será justo por eso el confundir nuestro principio de vida con el que anima las plantas? Dificultades hay en explicar muchos fenómenos mecánicos y químicos, ¿y será razonable el confundir el orden intelectual y moral con el mecánico y químico? Las dudas sobre un punto no autorizan á rechazar la verdad que en otros resplandece: el telescopio del astrónomo no alcanza á disipar las sombras de los abismos del espacio; mas por esto no le ocurre la extraña idea de desechar los fenómenos que está viendo con sus ojos en el sistema de los cielos.

Filosofía Elemental

Jaime Balmes

1854

Entradas populares de este blog

Resumenes

HISTORIA DE LA EDAD MEDIA

La genealogía de la moral