El Apóstol del América - Preincaica
EL APOSTOL DEL AMERICA PREINCAICA
La tradición
relativa a ciertos hombres blancos y barbados, que aparecieron de repente en
medio de las tribus indígenas, es otra circunstancia muy digna de examen,
tratándose de la historia de las naciones que poblaron antiguamente estas
provincias. Las tribus de los Zarsas y las de los Paltas en la provincia de
Loja, y las de los Puruháes en Ambato y en Latacunga señalaban unas piedras
grandes, en las cuales se veían impresas las huellas de un pie humano, que
manifestaba ser de varón. Esas piedras eran muy veneradas por los indios,
porque decían que sobre ellas se había solido parar un personaje misterioso,
que enseñaba doctrinas religiosas nuevas y desconocidas. Este personaje al despedirse
de los indios, se quitó la sandalia con que calzaba, este personaje era
extranjero, andaba como peregrino y, al llevaba calzados sus pies, y estampando
en la piedra su planta derecha, dejó patentes sus huellas, para memoria y
recuerdo perpetuo de su venida a estos lugares y de su predicación a las
antiguas tribus indígenas pobladoras de estas provincias.
Los
conquistadores y los primeros cronistas americanos explicaban muy fácilmente
esta tradición, diciendo que el personaje misterioso no podía ser otro sino uno
de los Apóstoles y, sin duda ninguna, Santo Tomás ó San Bartolomé. De este
modo, la presencia de los dos Santos Apóstoles en el Nuevo Mundo les parecía un
hecho averiguado y acerca de cuya verdad no podía dudarse.
Empero, ¿cuál
pudo ser el origen de esta tradición?- No es raro encontrar piedras con
hendiduras, que semejan, naturalmente, de una manera más o me-nos perfecta la
huella de un pie humano: la imaginación viva de los indios y su carácter,
propenso a la superstición, les hacían ver en esas piedras más de lo que en
realidad había; las hendiduras se convertían en huellas perfectas y veían
claramente, auxiliados de su preocupación, las señales de un pie desnudo,
estampadas en la piedra, y sobre un fundamento tan vano se levantaba toda una
leyenda o tradición. Recordemos además que los indios, en apariencia tan
rústicos y sencillos, son en el fondo muy astutos y disimulados; y así no es
difícil que, preguntados por los españoles sobre el motivo por el cual
tributaban veneración supersticiosa á ciertas piedras, les hayan respondido,
con sagacidad, haciéndoles relaciones maravillosas, para halagarles el ánimo y
sorprenderles.
La tradición
del personaje misterioso que dejaba, al partir, grabadas las huellas de sus
pies en las piedras desde donde predicaba a los indios, no era propia solamente
de las antiguas naciones ecuatorianas, sino de muchas otras tribus del Perú y
hasta del Gran Chaco en el Paraguay. Ese personaje misterioso era anciano, de
aspecto venerable, de otra raza distinta de la americana; llevaba á la mano un
cayado en que apoyarse, su vestido era talar y obraba milagros ¿Qué más se
necesitaba para tener a ese personaje maravilloso por el Apóstol Santo Tomás?
Había venido de fuera; desapareció de un modo sobrenatural; pero, ¿todas estas
circunstancias eran creídas y repetidas por los indios, antes de la conquista?
La crítica histórica está obligada a examinarlo detenidamente.
Entre esta
tradición y la que conservaban los mejicanos relativamente á Quetzat-Coatl, su
legislador, hay una diferencia muy notable: lo mismo podemos decir respecto del
mito de Votán, tan célebre entre los pueblos de la América Central, siempre que
el Votán de los Quichés no sea el mismo Quetzat-Coatl de los Aztecas, como
opinan algunos graves autores. Los personajes misteriosos de los Aztecas y de
los Quichés son fundadores de imperios y de nacionalidades, y legisladores, a
la vez civiles y religiosos: arreglan el culto y organizan el estado, y después
desaparecen. El personaje de la leyenda ecuatoriana y de la peruana aparece
aislado, y, a manera de peregrino o viajero, recorre la tierra; pero sin fundar
institución alguna durable.
Si ese
personaje hubiera sido en verdad un Apóstol de Jesucristo, habría fundado entre
las tribus indianas la institución social permanente, que los Apóstoles
fundaron en todas las provincias del antiguo mundo, donde anunciaron el
Evangelio. En efecto, la predicación apostólica no era ni podía ser nunca una
enseñanza puramente especulativa; antes, la predicación de la doctrina estaba
siempre acompañada de la fundación y organización de la Iglesia, con la
institución de un sacerdocio permanente. Nada semejante se ha encontrado en
América (8).
Por esto, de
todas aquellas prácticas y ceremonias religiosas de los Incas, en las cuales se
ha pretendido encontrar rastros de cristianismo, ninguna nos parece
verdaderamente análoga a las instituciones católicas sino la Confesión, y aún
ésta, atendida la manera como la practicaban los Incas, creemos que puede
explicarse muy bien por ese deseo innato de desahogo secreto y confidencial,
que experimenta el corazón humano en ciertas circunstancias angustiosas de la
vida. Muchas de las tradiciones maravillosas debían, pues, eliminarse de la
historia americana (9).
En su
Crónica moralizada de los Ermitaños de San Agustín en el Perú, ha consagrado
varios capítulos á la relación de todas cuantas memorias se conservaban en el
Perú acerca de este personaje misterioso, el cual según piensa el P. Calancha,
no pudo ser otro sino el Apóstol Santo Tomás y un discípulo suyo.
El P.
Velasco trata de este punto y cita la piedra que es-taba en el llano de Callo,
pero no dice nada de la de Gonzanamá,
aunque aduce otros testimonios en pro de la tradición no sólo de la predicación
de Santo Tomás sino también de la de San Bartolomé en estas provincias.
(8) La
tradición del hombre blanco, barbado, misterioso, se encuentra en todos los
pueblos americanos, y han tratado de ella casi todos los historiadores,
acumulando cuantos argumentos han encontrado para probar que, en verdad, uno de
los Apóstoles vino al Nuevo Mundo y predicó aquí el Evangelio á los indios.
Unos escritores han tratado de propósito de este asunto; otros han hablado de
esto, como de un hecho cierto.
Es digno
de atención el punto de vista, desde el cual se estudian las cuestiones
históricas y la manera cómo se las explica, según la época y las tendencias
filosóficas de cada escritor: los historiadores castellanos de los siglos XVI y
XVII pensaron que no podía ser otro sino un Apóstol ese personaje misterioso,
que se andaba por América, allá en remotísimos tiempos, estampando en rocas y
en piedras las huellas de sus pies, en testimonio de su presencia en estos
lugares. A fines del siglo XVIII, ya los eruditos dudaron; y en el XIX los
críticos no han visto en todas esas tradiciones sino mitos ó ficciones con un
fondo oculto de verdad histórica, muy desfigurado.
Por lo
que respecta al Ecuador, creemos que esta tradición no puede ponerse
convenientemente entre los mitos de nuestros antiguos indios, pues éstos, (si
hemos de atenernos al testimonio de Calancha, de Velasco y del anónimo de la
Descripción geográfica de Ambato y Riobamba), jamás confundieron a sus dioses
Kon y Pachacámac con el personaje misterioso, las huellas de cuyos pies
mostraban los Paltas en una roca cerca de Gonzanamá,
y los Puruháes en las piedras de Huachi y de Callo.
Betanzos
dice que el personaje misterioso, se llamaba Tu-napa, y que apareció en las
costas de Manabí, de donde pasó al Perú; mas, en el litoral ecuatoriano hasta
ahora no se ha encontrado vestigio alguno de semejante tradición.
(9)
Estas prácticas pueden atribuirse a la influencia del budismo sobre las
naciones americanas.
TIEMPOS ANTIGUOS O EL ECUADOR ANTES DE LA CONQUISTA
HISTORIA
GENERAL DE LA REPUBLICA DEL ECUADOR
(Ilmo. Federico González
Suarez)
(P. Juan de Velasco)
MALVENDA. - Del Ante Cristo. (En latín).
BOZIO. De los signos de la Iglesia. - (En latín).
SOLORZANO. En su Política indiana y en su obra “Un libro sobre la ley
india”.
MONTENEGRO. Itinerario para párrocos de indios.
GARCIA. Origen de los indios.
SANDOVAL. Historia de Etiopia.
MONTOYA. Conquista espiritual del Paraguay.
VEYTIA. Historia antigua de Méjico, &., 2., el catálogo sería
interminable.
Entre los modernos:
LARRAINZAR. - Estudios sobre la Historia de América, sus ruinas y
antigüedades. (Primera parte, Capítulo 389, § 49).
BRINTON. Mitos heroicos americanos. - (Principalmente el capítulo
cuarto). En inglés.
CHARENCEY. - El mito de Votán o Estudios sobre los orígenes asiáticos de
la civilización americana. En francés.