Por sus hechos...

 

 

Por sus hechos los recoceréis...

Así lo dice la palabra, siendo aplicable a todas las figuras de asociación existentes y obras de individuos.

La poca inteligencia ciega a los individuos que no se permiten por temor o por comodidad el ver más allá, un don de pocos que de permitirse en la generalidad facilitaría la vida en este planeta. Esta es la verdad, una verdad que con mucho éxito se mantiene apartada del conocimiento general por conveniencia de los más avivados. Dicen hacer milagros, pero no son más que simples engaños preconcebidos para convencer a los de mente frágil, autoestima baja y desconocimiento aceptado de la realidad. Con el cojo encuentran su oportunidad y hacen que se estire demostrando a la audiencia su poder y captando su atención ya que el mundo busca insaciablemente los milagros que les devuelvan la paz perdida. La locura de Friedrich Nietzsche comenzó el 3 de enero de 1889 en Turín, cuando presenció cómo un cochero azotaba brutalmente a un caballo. Conmocionado, corrió a abrazarlo, lloró desconsolado y cayó al suelo. Fue llevado a casa en estado catatónico. Ese instante marcó el inicio de su derrumbe mental: viviría 11 años sumido en la demencia, hasta morir en 1900, a los 55 años. Semanas después fue internado en Basilea y luego en Jena, donde lo diagnosticaron con sífilis terciaria, una enfermedad que destruye el sistema nervioso y provoca psicosis, pérdida de memoria y parálisis. Sin embargo, su larga supervivencia despertó dudas: en 2003, el doctor Leonard Sax propuso que Nietzsche no tenía sífilis, sino un tumor cerebral de crecimiento lento, que explicaría su delirio y deterioro progresivo. Durante su internamiento escribió las célebres “cartas de la locura” (Wahnbriefe), firmadas como “Dionisio” o “El Crucificado”. En una de ellas decía: “He encarcelado al Papa y fusilado a Bismarck”. Estos textos delirantes, conservados en los archivos de Naumburg, mostraban a un Nietzsche convencido de haber tomado posesión del mundo. Pero lo más controvertido llegó después: su hermana, Elisabeth Förster-Nietzsche, se apoderó de su obra y manipuló sus manuscritos. Investigaciones modernas revelan que falsificó cartas, reescribió fragmentos y adaptó su pensamiento para hacerlo parecer un precursor del fascismo y otras ideologías que él había rechazado. El investigador Christian Niemeyer, demostró que Elisabeth incluso inventó documentos en nombre de su hermano desde 1887, antes del colapso. Su manipulación fue tan profunda que durante décadas Nietzsche fue presentado como un ideólogo del 3er Reich, cuando en realidad despreciaba toda forma de poder autoritario. Hoy, algunos expertos creen que incluso las cartas de la locura podrían haber sido parcial o totalmente falsificadas por su hermana y sus aliados. Si eso fuera cierto, el episodio del caballo y la demencia posterior podrían ser en parte una construcción mítica: la historia del filósofo que perdió la razón… tal vez escrita por quien más traicionó su pensamiento.

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