La Nada
"La nada" es un concepto
filosófico y científico que se refiere a la ausencia absoluta de todo. En
filosofía, se discute como la inexistencia total, el no-ser, mientras que, en
física, la ausencia absoluta de materia, espacio y tiempo es un concepto teórico,
ya que en la práctica siempre hay alguna forma de energía o partículas.
Filosofía
occidental
Algunos consideran que el estudio de la
"nada" es absurdo. Una respuesta típica de este tipo es la expresada
por Giacomo Casanova (1725-1798): Como todo, para él, era un artículo de fe,
nada, para su mente, era difícil de entender; el gran diluvio había cubierto el
mundo entero; antes, los hombres tenían la desgracia de vivir mil años; Dios
conversaba con ellos; Noé había tardado cien años en construir el arca; mientras que la
tierra, suspendida en el aire, se mantenía firme en el centro del universo que
Dios había creado de la nada. Cuando le dije, y le demostré, que la existencia
de la nada era absurda, me cortó, llamándome tonto.
Sin embargo, la "nada" ha sido
tratada como un tema serio durante mucho tiempo. En filosofía, para evitar
trampas lingüísticas sobre el significado de "nada", se suele emplear
una frase como no-ser para dejar claro de qué se está hablando.
Parménides
Uno de los primeros filósofos occidentales
en considerar la nada como un concepto fue Parménides (siglo V A.C.), que fue
un filósofo griego de la escuela monista. Argumentó que la "nada" no
puede existir mediante el siguiente razonamiento: Para hablar de una cosa, hay
que hablar de una cosa que existe. Dado que podemos hablar de una cosa en el
pasado, esta cosa debe seguir existiendo (en algún sentido) ahora, y de esto
concluye que no existe el cambio. Como corolario, no puede haber cosas tales
como entrar en el ser, salir del ser o no ser.
Varios filósofos, influyendo, por ejemplo,
en Sócrates y Platón. aceptaron esta noción de nada proveniente de Parménides.
Aristóteles discrepa de Parménides y afirma: "Aunque estas opiniones
parecen seguirse lógicamente en una discusión dialéctica, sin embargo, creerlas
parece al lado de la locura cuando se consideran los hechos. "
En los tiempos modernos, el concepto de
Albert Einstein del -espacio tiempo- ha llevado a muchos científicos, incluido
el propio Einstein, a adoptar una posición notablemente similar a la de
Parménides. A la muerte de su amigo Michele Besso, Einstein consoló a su viuda
con las siguientes palabras: "Ahora ha partido de este extraño mundo un
poco antes que yo. Eso no significa nada. Para los que creemos en la física, la
distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión
obstinadamente persistente."
Leucipo
Leucipo (principios del siglo V A.C.), uno
de los atomistas, junto con otros filósofos de su época, hizo intentos de
conciliar este monismo con la observación cotidiana del movimiento y el cambio.
Aceptó la posición monista de que no podía haber movimiento sin vacío. El vacío
es lo contrario del ser. Es el "no-ser". Por otro lado, existe algo
conocido como un plenum absoluto, un espacio lleno de materia, y no puede haber
movimiento en un plenum porque está completamente lleno. Pero no hay un solo
pleno monolítico, ya que la existencia se compone de una multiplicidad de
plenos. Son los "átomos" invisibles de la teoría atomista griega,
ampliada posteriormente por Demócrito (c. 460-370 A.C.), que permite que el
vacío "exista" entre ellos. En este escenario, los objetos
macroscópicos pueden llegar a ser, moverse por el espacio y pasar al no ser
mediante el acercamiento y alejamiento de sus átomos constituyentes. El vacío
debe existir para permitir que esto ocurra, o bien hay que aceptar el
"mundo congelado" de Parménides.
Bertrand Russell, señala que esto no
derrota exactamente el argumento de Parménides, sino que más bien lo ignora al
adoptar la posición científica más bien moderna de comenzar con los datos
observados (movimiento, etc.) y construir una teoría basada en los datos, a
diferencia de los intentos de Parménides de trabajar a partir de la lógica
pura. Russell también observa que ambas partes se equivocaron al creer que no
puede haber movimiento en un pleno, pero podría decirse que el movimiento no
puede comenzar en un pleno. Cyril Bailey señala que Leucipo es el primero en
decir que una "cosa" (el vacío) podría ser real sin ser un cuerpo y
señala la ironía de que esto provenga de un atomista materialista. Leucipo es,
por tanto, el primero en decir que la "nada" tiene una realidad
ligada a ella.
Aristóteles,
Newton, Descartes
Aristóteles (384-322 A.C.) proporcionó la
clásica salida al problema lógico planteado por Parménides al distinguir las
cosas que son materia y las que son espacio. En esta hipótesis, el espacio no
es "nada" sino, más bien, un receptáculo en el que se pueden colocar
objetos de materia. El verdadero vacío (como "nada") es diferente del
"espacio" y queda fuera de consideración. Esta caracterización del
espacio alcanzó su cúspide con Isaac Newton que afirmó la existencia del
espacio absoluto. René Descartes, por su parte, volvió a un argumento similar
al de Parménides de negar la existencia del espacio. Para Descartes, había
materia, y había extensión de la materia que no dejaba lugar a la existencia de
la "nada".
La idea de que el espacio puede estar
realmente vacío seguía sin ser aceptada por los filósofos que invocaban
argumentos similares al razonamiento del pleno. Aunque los puntos de vista de Descartes al respecto fueron cuestionados
por Blaise Pascal, éste se negó a revocar la creencia tradicional, horror
vacui, comúnmente enunciada como "la naturaleza aborrece el vacío". Esto
se mantuvo así hasta que Evangelista Torricelli inventó el barómetro en 1643 y
demostró que aparecía un espacio vacío si se daba la vuelta al tubo de mercurio.
Este fenómeno se conoce como el vacío de Torricelli y la unidad de presión de
vacío, el torr, lleva su nombre. Incluso el maestro de Torricelli, el famoso
Galileo Galilei había sido incapaz de explicar adecuadamente la acción de
succión de una bomba.
La
nada en ontología
Diversos filósofos y teólogos han estudiado
el concepto de nada (no confundir con inexistencia). El concepto de nada varía
ampliamente entre las diversas tradiciones filosóficas y culturas,
especialmente la occidental y la oriental. Así, en el budismo, el Shunyata es
el estado vacío de la mente.
La raíz etimológica de «nada», res nata, es
contradictoria del significado actual, pues significa cosa nacida. Quizás este
—para muchos—insospechado y contundente hecho justifique las tal vez
permanentes e irreconciliables concepciones antagónicas, y la reificación no
incurra ya en falacia. En contraste, en la filosofía griega la idea de la nada
surgió con los problemas de la negación del ser, de la conservación del ser y
de la imposibilidad de afirmar la nada. En particular, Parménides creyó que del
«no ser» (la nada) no se puede hablar. Epicuro y Lucrecio aseveraron que la
materia no se puede crear de la nada, ni destruir a nada, postulados
posteriormente negados por el pensamiento cristiano. En el siglo XX el
empirismo lógico sostuvo que todo ocupándose de la nada es un contrasentido, un
mal uso sintáctico del lenguaje. De este modo se descalificó toda especulación
acerca del problema.
La
nada en el existencialismo
Martin Heidegger se ocupó con hondura del
problema de la nada. No lo hizo tanto en su obra cumbre, Ser y tiempo, de 1927,
como en su trabajo breve ¿Qué es metafísica?, de 1930. Allí, después de
plantear y elaborar la cuestión, la aborda con un reiterado interrogante: «¿Por
qué hay ente en su totalidad y no más bien la nada?». En esta obra, se estima
que la nada le está vedada al pensamiento científico, porque la ciencia nada
quiere saber de ella. Empero, se sostiene que la nada es significativa, pues
sobre ella reposa o se asienta el ser. Así, el problema del filósofo se plantea
desde el enigma de "que haya algo en vez de nada". La existencia
humana está íntimamente ligada a la nada. Se la revelan temples anímicos de
profundo aburrimiento y, especialmente, de angustia. Ambos le patentizan la
nada, y entre los dos le tornan incomprensible la existencia del ente en su
totalidad. La angustia —de raíz kierkegaardiana— es el estado emotivo
fundamental de la existencia. El hombre puede angustiarse por esto o por
aquello, pero, desvanecidas estas particularidades, la existencia continúa
angustiada. Y, si al existente se le interroga por la causa de su angustia,
casi espontáneamente responderá: "Por nada".
En su obra fundamental El ser y la nada (1944), Jean-Paul Sartre,
influido por Heidegger, durante sus estudios en Alemania, ahondará la temática
heideggeriana. En este tratado, de estructura complicada, como la máxima obra
de su maestro, se acabará sosteniendo que el ingreso de la nada al mundo se
debe a la existencia del hombre. Como en Heidegger, la nada será anterior,
lógicamente, al «no» y a la «negación», y aunque muchos crean que Sartre redifica
a "la" nada, lo cierto es que usa a tal concepto de «nada» como un
operador dialéctico, ya que para él la nada es algo «irrealizante», es decir,
una negación de un ser que permite o da lugar a la existencia de otro u otros
seres posteriores; mientras que los objetos no conscientes coinciden en su
existencia con su esencia, en los humanos, al tener capacidad de consciencia,
la esencia es algo que pueden realizar (ya en la existencia o en vida) posteriormente
al existir.
Filosofía oriental
Filosofía China
La "nada" en el taoísmo
filosófico y filosofía China, se identifica con el concepto de Wuji, que se
define como estado primigenio del universo no diferenciado; anterior a la
existencia de algo. Wuji sería anterior al surgimiento del Taiji, la "gran
polaridad", y de las dos fuerzas yin y yang, que son parte y dan forma al
Gran Tao, que a su vez abarca a la nada y al todo; y por ello no tiene límites.
Siendo así el Wuji, a través del Tao, el origen de la esencia primordial y al
aspecto fundamental del universo y del hombre; que a su vez origina el orden
natural de la existencia.
Filosofía
India
En la Filosofía india, el concepto de Nada,
lo podemos encontrar dentro de la doctrina Vedanta, como por ejemplo en la
escuela filosófica Advaita. En esta escuela se describe a la "nada",
como la nada y a su vez el todo que origina a todo; estando la nada asociada al
concepto de Brahman, a través del concepto abstracto más específico denominado Nirguna
Brahman (el Brahman sin cualidades). Siendo así, Brahman la nada y el todo, que
a su vez está más allá de estos conceptos y no tiene límites. Así, la "no
nada" (la realidad y el universo de cosas fenoménicas que lo conforman),
realmente sería solo una manifestación del Brahman, que se da como una ilusión
denominada maya.
Filosofía
budista
En la Filosofía budista, el concepto de
Nada está relacionada al concepto de Shuniata, a menudo traducido como
"vacuidad", "vaciedad" o "vacío"; el cual
presenta múltiples significados dependiendo de su contexto doctrinal. Así, el
concepto de Shuniata puede referirse a una comprensión ontológica de la
realidad en el budismo, un estado meditativo, o un análisis fenomenológico de
la experiencia (como la naturaleza del no-yo).
La
nada en ciencia
En las ciencias, al ser ontologías centrípetas,
se tratan diversos entes nulos. Puede haber tantos individuos nulos como clases
naturales. En particular destaca el vacío o campo nulo, al cual en las teorías
de campos se le asignan propiedades como poseer índice de refracción igual a
uno. Físicamente es imposible delimitar una región del espacio-tiempo que no
contenga cosas, ya que los campos gravitatorios no se pueden bloquear, y todas
las partículas cuya temperatura no sea el cero absoluto generan radiación
electromagnética (de acuerdo a la noción cuántica de energía del punto cero). Físicamente,
pues, la nada también es una idealización un estado posible pero físicamente
irrealizable en la práctica. Tan es así que en la llamada aniquilación
partícula-antipartícula, un caso particular del teorema ontológico arriba
demostrado, no existe realmente tal aniquilación o destrucción.
La transformación física (1) es imposible
ya que violaría el principio de conservación de la energía, mientras que (2) se
encuentra frecuentemente en el laboratorio y es perfectamente compatible con
las leyes de conservación.
La
nada en matemática
En matemática el vocablo «nada» es
polisémico: En lógica matemática el concepto de nada, o de inexistencia, se
designa mediante la negación y los cuantificadores En teoría de conjuntos la
nada es el conjunto vacío ∅ que se refiere a un conjunto sin
elementos.
En álgebra elemental la cancelación de
términos nos da como resultado el elemento neutro “e” que puede referirse al
cero (con respecto a la suma), al uno (con respecto a la multiplicación), a la
función identidad (con respecto a la composición de funciones), a la matriz de
ceros (con respecto a la suma de matrices), a la matriz identidad (con respecto
a la multiplicación de matrices), al vector nulo (con respecto a la suma de
vectores) o a la cadena vacía (con respecto a la concatenación —de
cadenas—). En aritmética la nada es el cero, se usa para representar la
ausencia de un objeto en un lugar de un espacio.
El
vacío en física
En tiempos de Newton se concebía el vacío y
confundía con "nada" como un medio uniforme desprovisto de masa
llamado espacio cuya geometría era euclídea. La idea de Newton sobre el espacio
que consideraba infinito e inmutable no estaba exenta de elementos místicos. La
noción del vacío como espacio en el que las partículas materiales se movían, se
vio ligeramente alterada con el desarrollo de la teoría del éter que era un
medio material que permitía la propagación de las ondas luminosas en el vacío,
ya que aunque Newton había propuesto que la luz estaba formada por corpúsculos
ciertos experimentos como el de la doble rendija habían llevado a la concepción
mayoritaria de que los fenómenos relacionados con la luz podían explicarse
mejor con la teoría ondulatoria. Por lo que a finales del siglo XIX no era muy
popular la idea de que el vacío no estuviera lleno de algo.
El experimento de Michelson y Morley
comportó el abandono de la idea de la existencia del éter y se volvió a la idea
que el vacío realmente no contenía nada. Sin embargo, tanto el principio de
indeterminación de Heisenberg como la teoría cuántica de campos sugirieron que
el vacío era algo físicamente más complicado, y la creación de pares llevó a la
idea de que el vacío no podía ser la nada, ya que la física cuántica parecía
compartir que estaba lleno de partículas virtuales que se creaban en pares
partícula-antipartícula y se destruían continuamente.
¿Qué es la nada?
La idea de ‘la nada’ fue el desvelo de muchos pensadores, quizá desde el
principio mismo de la filosofía. Y tal vez sea, además, la pregunta por la cual
muchos nos hemos interesado por vez primera en asuntos de índole filosófica.
Ser
o no ser, cosa de griegos
Entre los griegos, como común denominador
puede observarse que parecen haberse centrado en el problema del ser. En algunos
casos tomaron -la nada- como la negación del ser: lo que hay es el –ser- y sólo
cuando se lo niega, aparece -la nada. Pensadores, como Parménides sostuvieron
que sólo el ser es, y el no ser, no es. En diferente línea, se ha sostenido que
de la nada no devine nada, de manera tal que afirmar tal cosa sería destruir la
noción de causalidad y las cosas surgir por azar. Platón procuró comprender
cuál podría ser la función de una participación de la nada en la concepción de
los entes que son. Aristóteles, sostuvo que tanto la negación como la privación
se dan dentro de afirmaciones, porque incluso del -no ser- puede afirmarse que
no es. Pero luego, la concepción cristiana instaló la idea de Dios creando el
mundo a partir de la nada, lo cual transformó significativamente las bases de
la especulación filosófica ejerciendo posterior influencia en la filosofía
moderna.
El
ser, la nada y el absoluto
Mientras Kant establecerá diferentes
categorías de –nada-, será Hegel quien afirmará que el ser y la nada son
igualmente indeterminados porque la nada tiene la misma falta de determinación
que el ser. Esta idea parte de vaciar al ser de toda referencia tras el
objetivo de alcanzar la pureza absoluta: así,
purificado, el ser y la nada son lo mismo. La absoluta inmediatez del
ser lo coloca en el mismo plano que su negación y solo en devenir podrá surgir
como un movimiento capaz de trascender la identificación de la tesis y la
antítesis.
Lo
inimaginable
Bergson señala que la metafísica siempre ha
rechazado la duración y la existencia como fundamento del ser por considerarlos
contingentes. Bergson, para resolver esta cuestión, argumenta que la idea de la
nada es una pseudo-idea, porque en realidad no se la puede ni imaginar ni
pensar... y que el pensar únicamente suprime una parte del todo y no el todo
mismo; es decir, suplanta un ser por otro ser. La representación de un objeto
como inexistente incorpora la idea de exclusión. De ahí que haya más o no menos
en la idea de un objeto concebido como inexistente que en la del objeto
concebido como existente.
El
soporte de la existencia
Heidegger sugiere pensar el problema de -la
nada- desde un paradigma diferente; él no se pregunta por qué se afirma que hay
una nada sino por qué no la hay. En realidad, lo que pretende observar
Heidegger es que la negación de un ente no es sino aquello mismo que hace
posible la negación. Entonces, la nada es el ‘elemento’ sobre el cual se
sostiene la existencia, y lo que lleva a descubrir el temple de existencial de
la angustia. Para los filósofos de la escuela analítica, esta concepción
equivale a sostener que -la nada anonada-, lo cual sería algo así como decir -la
lluvia llueve, y por lo tanto, la rechazan por considerarlas rebeldías
inaceptables a las reglas sintácticas del lenguaje.
Impotencia
lógica
Sartre, por su parte, acepta y corrige a
Heidegger sosteniendo que el ser por el cual viene -la nada- al mundo debe ser
su propia nada, porque solo la libertad radical del hombre, permite enunciar significativamente
tale afirmaciones.
En síntesis, el supuesto último de los
existencialistas es la impotencia lógica para resolver el problema de -la nada-
porque ésta solo aparece cuando alguien la enuncia, lo cual es solo posible
tras haber trascendido -la nada.
Heidegger
y la pregunta esencial de la filosofía
En 1969, en el ocaso de su vida, el
filósofo defendía que la pregunta esencial de la filosofía había sido olvidada
durante los últimos siglos. En palabras del filósofo:
«¿Por
qué es el ser y no más bien la nada? [Es] la [pregunta] que ha decidido todo el
destino del mundo occidental; a través de las respuestas que le fueron dadas
por los presocráticos hace más de dos mil quinientos años. Y sin embargo, el
sentido de esta pregunta no inquieta más a nadie».
No es fácil comprender qué significa para
Heidegger plantear la pregunta por el sentido del ser desde la óptica de la
nada. Para comprenderlo mejor, baste recordar que Heidegger estaba convencido
de que era posible terminar con la interpretación esencialista de la
existencia. Una interpretación, la esencialista, que explica la vida a partir
del creacionismo, a partir de una presencia constante, una entidad eterna o una
serie de valores absolutos que sirven como legitimación de la existencia y de
la realidad.
El propósito de la filosofía de Heidegger
es, entonces, pensar el ser desde su radicalidad, lo que significa pensar la
existencia sin la necesidad de inventar una realidad metafísica que la sostenga
o justifique. El pensador de la Selva Negra cree que los individuos tienen la
posibilidad de «ser» sin estar sujetos a algo más que al transcurrir finito de
sus propias vidas, y, para ello, es necesario entender que la existencia —así,
tal cual— es algo que está fundado en la nada.