La primera cántica de La Divina Comedia, el Infierno, relata el comienzo del épico viaje de Dante Alighieri a través del mundo de ultratumba. Guiado por el poeta romano Virgilio, Dante desciende a las profundidades de un abismo que, según la leyenda, se formó por la caída de Lucifer tras su rebelión. Esta obra no solo es un relato de terror, sino también una profunda alegoría de la justicia divina, la moral y la redención. La entrada al Infierno está marcada por una famosa y terrible inscripción: "¡Dejad toda esperanza, vosotros que entráis!".
El Infierno dantesco se representa como una inmensa cavidad subterránea en forma de cono invertido, que se adentra hacia el centro de la Tierra. Esta cavidad está organizada en nueve círculos concéntricos decrecientes. La estructura sigue una jerarquía moral basada en la filosofía aristotélica, que dicta que cuanto más cerca se está del centro de la Tierra, más grave es el pecado y más atroz es el castigo. Los pecados de incontinencia (falta de autocontrol, como la lujuria o la gula) se castigan en los círculos superiores, mientras que los pecados de malicia (violencia, fraude y traición), que implican el uso consciente de la razón para el mal, se castigan en los círculos inferiores.
Los primeros cinco círculos del Infierno están reservados para los pecados de incontinencia. El Primer Círculo es el Limbo, donde residen las almas no bautizadas y los paganos virtuosos (como Virgilio), cuya pena es la falta de la esperanza y la separación de Dios. En los siguientes círculos se encuentran los Lujuriosos (arrastrados por un viento incesante), los Glotones (sumergidos en un fango infecto bajo una lluvia de granizo) y los Avaros y Pródigos (forzados a empujar grandes pesos chocando entre sí). El Quinto Círculo es el río Estigia, donde son castigados los Iracundos (luchando en el fango) y los Perezosos (sumergidos bajo el cieno).
Tras cruzar el Estigia en la barca de Flegias, los poetas llegan a la fortificada Ciudad de Dite, que marca la transición al Infierno inferior, el de los pecados que requieren malicia o voluntad. Aquí comienza el Sexto Círculo, donde los Herejes (quienes negaron la inmortalidad del alma) son castigados dentro de sepulcros ardientes. Posteriormente, descienden al Séptimo Círculo, dividido en tres anillos para castigar la Violencia: contra el prójimo (sumergidos en el río de sangre hirviente Flegetonte), contra sí mismos (los Suicidas, convertidos en árboles retorcidos), y contra Dios, la Naturaleza y el Arte (blasfemos, sodomitas y usureros, en un desierto de arena ardiente bajo una lluvia de fuego).
El Octavo Círculo, llamado Malebolge ("Malasbolsas"), es un abismo de piedra gris dividido en diez fosas o bolge concéntricas, y está dedicado a los pecados de Fraude contra quienes no confiaron. Los pecadores fraudulentos, que usaron el engaño, incluyen a rufianes y seductores, aduladores, simoníacos, adivinos, corruptos, hipócritas, ladrones, consejeros fraudulentos, sembradores de discordia, y falsificadores. Los castigos en Malebolge son variados y grotescos, aplicando la ley del contrapaso (la pena es un reflejo o contraste del pecado cometido en vida). Este círculo enfatiza la depravación de la razón utilizada para engañar a otros.
El punto más bajo y terrible del Infierno es el Noveno Círculo, un vasto lago de hielo llamado Cocito, reservado para los Traidores, el peor de los pecados, el fraude contra quien confió. Este círculo se divide en cuatro zonas, según la víctima de la traición: Caína (traidores a la familia), Antenora (traidores a la patria), Tolomea (traidores a los huéspedes) y Judecca (traidores a los benefactores y a Dios). En el mismo centro, inmerso hasta la cintura en el hielo, se encuentra Lucifer (Satanás), la cumbre de la traición y la malicia, con tres bocas que devoran eternamente a los tres traidores supremos: Judas Iscariote, Bruto y Casio.