Canto XV - Tercer Giro del Séptimo Circulo
El Canto XV del Infierno de Dante Alighieri tiene lugar en el tercer giro del Séptimo Círculo, un espacio desolado donde una lluvia de fuego cae eternamente sobre una playa de arena ardiente. En este círculo son castigados los violentos contra Dios, contra la Naturaleza y contra el Arte. El giro específico que recorren Dante y su guía, Virgilio, castiga a los sodomitas (los violentos contra la naturaleza), quienes están obligados a correr sin pausa bajo la tormenta ígnea. La escena inicial describe cómo el humo del arroyo Flegetonte protege a los dos poetas, permitiéndoles caminar por un estrecho terraplén de piedra mientras observan a las almas desnudas y chamuscadas que se acercan.
La inesperada aparición de Brunetto Latini interrumpe la marcha. Brunetto, un destacado filósofo, retórico, historiador, teólogo y, crucialmente, el venerado maestro de Dante en la vida real, se desprende de su grupo de pecadores. El encuentro está cargado de un profundo y melancólico respeto. A pesar de que la cara del condenado está tostada y desfigurada por el fuego, Dante lo reconoce y le pregunta con asombro si es él, "Ser Brunetto". Este acto de reconocimiento y el gesto afectuoso de Dante de extender su mano hacia el rostro chamuscado de su maestro (según algunas interpretaciones) subraya la inmensa estima que el poeta le tenía, un afecto que se mantiene a pesar de la terrible condena.
Brunetto Latini, dirigiéndose a Dante como "hijo mío", le pide que no le moleste si retrocede un poco de su manada para caminar y conversar. Explica a su antiguo discípulo que no pueden detenerse, ya que cualquiera de los condenados que lo haga debe yacer por cien años sin poder protegerse del fuego, sufriendo una pena adicional. Así, mientras Brunetto camina al nivel de las almas castigadas en la arena, Dante permanece en el dique, manteniendo la distancia física impuesta por el Infierno, pero acercándose a él con la cabeza baja, en señal de profunda reverencia y respeto filial hacia la "cara y buena imagen paterna" de su mentor.
El diálogo pasa rápidamente a la predicción del futuro del poeta. Brunetto, reconociendo el talento de Dante, le profetiza que, si sigue su estrella, está destinado a alcanzar un "glorioso puerto" de fama inmortal. Sin embargo, también le advierte sobre la maldad y la envidia de los florentinos, a quienes llama el "ingrato pueblo maligno que desciende de Fiesole" y tienen la avaricia, la soberbia y la envidia como costumbres. Brunetto predice el exilio de Dante, indicando que ambas facciones políticas (Guelfos Blancos y Negros) intentarán dañarlo o utilizarlo.
Dante responde a la advertencia de su maestro con una firmeza serena. Le asegura que está preparado para enfrentar los golpes de la Fortuna y que su conciencia está tranquila. El poeta reafirma su afecto por Brunetto, recordando cómo en vida le enseñó "cómo el hombre se eterniza" (cómo se alcanza la inmortalidad a través de la sabiduría y la fama literaria). La conversación, por lo tanto, no se centra en la naturaleza del pecado de Brunetto, sino en la fuerza de su legado intelectual y moral y en el valor de la gloria literaria como medio de trascender la muerte.
El encuentro concluye de forma dramática y apresurada. Brunetto Latini debe volver a su grupo, ya que se acerca otra manada de almas. Antes de irse, le hace a Dante una última y conmovedora petición: le encomienda su obra maestra, Il Tesoro (Le Livre dou Trésor), diciendo: "¡Te sea recomendado mi Tesoro, en el cual yo vivo aún, y más no pido!". Con esta recomendación, el maestro confirma su creencia en la inmortalidad a través de la fama. Luego se aleja corriendo por la llanura ardiente, comparado por Dante con un corredor que gana el palio de Verona, enfatizando su vigor e importancia hasta en su condición condenada.