Canto XXII - Castigo de los Malversadores de fondos Públicos
El enfrentamiento entre Alichino y Calcabrina sobre el alquitrán es uno de los momentos más vivos, grotescos y memorables del Canto XXII del Infierno de Dante Alighieri. Este canto se desarrolla en la quinta bolgia del octavo círculo, donde son castigados los malversadores o barattieri (los que se aprovecharon de cargos públicos para obtener ganancias ilícitas), sumergidos en una hirviente fosa de brea negra. La escena está dominada por la presencia de un grupo de demonios llamados los Malasgarras (Malebranche), liderados por Barbariccia, cuya misión es mantener a los pecadores sumergidos.
El clímax de la acción y la causa directa del enfrentamiento de los dos demonios es la fuga del condenado Ciampolo de Navarra. Los Malasgarras habían capturado a Ciampolo para interrogarlo y torturarlo. El malversador, astuto, les propone un trato: si los demonios se retiran un poco, él llamará a algunos de sus compatriotas italianos para que salgan brevemente de la brea, asegurándoles así una nueva presa. Los demonios, con su codicia de maldad y su naturaleza impulsiva, aceptan el trato, a pesar de las advertencias de Virgilio sobre la astucia de los condenados.
Alichino es uno de los demonios más activos y el que se lanza a perseguir a Ciampolo cuando este, aprovechando la momentánea retirada de los Malasgarras, se sumerge rápidamente de nuevo en la pez, burlando la trampa. El demonio frustrado, Alichino, no se resigna a la burla y se lanza volando tras el malversador, pero llega tarde. En su furia por la burla y la pérdida de la presa, y con la intención de agarrar a Ciampolo o al menos descargar su rabia, Alichino se lanza hacia la superficie de la brea.
En ese mismo instante, su compañero Calcabrina, que ha sido testigo de toda la escena y es impulsado por la rabia de ver el engaño y la aparente torpeza de Alichino (y quizás por el resentimiento previo o el deseo de culpar a su camarada), se abalanza sobre él. Dante describe la escena con una fuerza visual impresionante: "Irato Calcabrina de la burla / volando en pos lo tuvo, anhelante / de que el otro se fuese, para trifulca." Calcabrina busca pelea y, en lugar de ayudar en la persecución, ataca a su compañero.
El desenlace de la pelea entre Alichino y Calcabrina es rápido y absurdo: ambos demonios, trenzados en la lucha, caen en el alquitrán hirviente. La brea, que es el castigo para los pecadores, se convierte también en la trampa para los demonios. El contacto con el espeso y ardiente líquido pega sus alas, haciendo imposible que levanten el vuelo y salgan de la fosa por sus propios medios. Los Malasgarras, antes una temible fuerza, se encuentran en una situación de total ridículo y desorganización, luchando por salvar a sus compañeros caídos.
Finalmente, la cómica y violenta riña de Alichino y Calcabrina sobre el alquitrán, junto con la fuga de Ciampolo, sirve como la distracción perfecta. La confusión y el tumulto entre los Malasgarras, obligados a rescatar a sus propios camaradas empantanados, son aprovechados por Dante y Virgilio para alejarse rápidamente y en silencio de la quinta bolgia, logrando así escapar de la compañía de los demonios, tal como habían planeado los astutos condenados. El episodio, con su tono de farsa militar y lenguaje vulgar, subraya la naturaleza caótica y fraudulenta del octavo círculo.