Can Cerbero

 





El encuentro de Dante Alighieri con Cerbero tiene lugar en el Canto VI del Infierno, marcando la entrada al tercer círculo, el de los condenados por el pecado de la gula. La escena se desarrolla en un ambiente de desolación y miseria: una lluvia eterna, fría y pesada cae incesantemente, mezclándose con granizo y nieve sobre el suelo, convirtiéndolo todo en un fango pestilente y hediondo. Las almas de los glotones yacen allí, inmersas y aullando bajo el castigo implacable del clima y la atroz vigilancia del monstruo canino.

Dante presenta a Cerbero, el perro mitológico de tres cabezas, como una figura grotesca y aterradora, muy distinta del guardián del Hades de la mitología clásica. Lo describe como una "fiera cruel y perversa" que ladra con sus tres gargantas caninas sobre las almas que están sumergidas. La descripción se enfoca en su repugnante apariencia, resaltando sus ojos rojos, su barba grasienta y negra, el vientre amplio y sus manos dotadas de uñas afiladas o garras con las que rasga, desgarra y descuartiza a los espíritus. Esta imagen bestial subraya la naturaleza irreflexiva y brutal del pecado de la gula, al que está asociado.

Al percatarse de la presencia de Dante y su guía, Virgilio, Cerbero reacciona con una furia desmedida. El texto relata que el "verme enorme" (como también lo llama despectivamente Dante, rebajando su estatus mitológico) abre sus bocas y muestra sus colmillos, sin poder mantener quieto ningún miembro de su cuerpo en su frenética agitación. Este arrebato de rabia y codicia simula la voracidad insaciable y desordenada de los glotones. Dante, abrumado y aterrado, es protegido por la experiencia y astucia de su maestro.

La clave para sortear la amenaza de Cerbero reside en la rápida y eficaz intervención de Virgilio. El poeta latino, con pleno conocimiento de los trucos del inframundo, extiende sus manos y, a puñados, recoge tierra del fango que los rodea. Este fango inmundo es lo que Virgilio arroja a las tres bocas abiertas del monstruo. El gesto es alegórico: Cerbero, símbolo de la gula, se calma instantáneamente al satisfacer su instinto con el primer "alimento" que encuentra, aunque sea tierra asquerosa.

El efecto del fango es inmediato. La fiera se apacigua, "como el perro que pide a los ladridos, y se aquietó en el punto que el pasto muerde". El monstruo, distraído y satisfecho momentáneamente con la tierra, se relaja y cesa su ataque, permitiendo que los dos poetas puedan seguir su camino. De esta manera, Cerbero es reducido a la imagen de un perro vulgar, voraz e irracional, cuya única motivación es el ansia de comer. Este episodio demuestra la impotencia de la mera fuerza bruta frente a la astucia y el ingenio.

Tras dejar atrás al ahora tranquilo Cerbero, Dante y Virgilio caminan sobre las sombras de los glotones, que yacen en el barro. Este encuentro no solo sirve como un obstáculo superado en el descenso infernal, sino que también establece el tono para el círculo: la degradación y la irracionalidad del pecado capital. La imagen de Cerbero, reducido a un perro glotón que se calma con fango, es un poderoso contrapaso (castigo que se asemeja al pecado) que alegoriza la bajeza y la falta de autocontrol de las almas allí condenadas.

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