EL ENCIERRO PERPETUO

 




Hay una cárcel que no existe en ningún registro.
No en los archivos del Vaticano. No en los documentos históricos. No en ningún libro que haya sido escrito.
Pero existe.
Está debajo. Mucho más abajo que las catacumbas conocidas. Más abajo que los archivos secretos. Más abajo que cualquier lugar que un turista o historiador haya pisado.
Se llama el Nivel de los Perpetuos.
Y allí hay personas vivas.
Personas que llevan siglos encerradas.
No mueren. No envejece. No locura, aunque debería. Es un castigo diseñado hace mucho tiempo por cardenales que entendían que algunas herejías no merecen la muerte.
Les merecen la eternidad.
El primer encierro conocido fue en 1347.
Un sacerdote descubierto en los subterráneos de Roma confesó haber comunicado con "algo" que vivía debajo del altar de San Pedro. No un demonio. No un ángel.
Algo sin nombre.
Algo que hablaba.
Los cardenales que lo juzgaron no lo quemaron. No lo ahogaron. No lo decapitaron.
Lo llevaron abajo.
Y allí le aplicaron el primer castigo de los Perpetuos:
El Círculo de la Sed.
Una celda circular de piedra negra. Sin agua. Sin luz. Sin otro ser humano a metros de distancia.
Pero el cuerpo no muere de sed.
Cada tres días, las paredes transpiran. Una cantidad exacta de agua aparece en la piedra. Suficiente para sobrevivir. No suficiente para vivir.
El sacerdote lleva casi 680 años bebiendo de paredes.
Pero ese fue solo el primer castigo.
Con los siglos, los cardenales que custodian el Nivel fueron creando más.
Cada uno peor que el anterior.
El Círculo del Sonido fue creado en 1521.
Una celda donde no hay silencio. Nunca. Un zumbido constante que sale de las piedras mismas. No fuerte. No agudo.
Suave.
Como una voz que casi dice algo pero nunca lo completa.
Los presos de este círculo eventualmente empiezan a responder. Hablan con las paredes. Piden que la voz termine la frase.
Nunca la termina.
Hay cinco personas en ese círculo ahora mismo.
Una de ellas ha estado hablando sin parar durante 200 años.
El Círculo del Espejo es el más antiguo de todos.
Una celda de una sola pared reflectante. El preso no puede mirar para otro lado. No hay otro lado. Es una celda cilíndrica. Solo espejo.
Solo su rostro.
Pero aquí viene lo que los custodios no explican:
El reflejo no siempre hace lo mismo que el preso.
A veces parpadea en momentos diferentes.
A veces sonríe cuando el preso no sonríe.
Y en algunas noches, según los custodios que han pasado turnos en ese nivel, el reflejo se acerca al vidrio.
Como si intentara salir.
Los custodios del Nivel son cardenales jóvenes elegidos por un proceso que nadie conoce en detalle. Pasan exactamente un año abajo. Cuando suben, no hablan de lo que vieron.
No por secreto.
Por miedo.
Hay una cosa que todos comparten cuando regresan:
Todos dicen que cuando estaban abajo, en los corredores entre los círculos, escuchaban pasos.
Pasos que no pertenecen a ningún preso.
Pasos que caminan entre las celdas.
Como alguien que visita sus colecciones.
Como alguien que disfruta lo que tiene encerrado.
Y ningún custodial ha podido ver de quién son.
Porque cuando se acercan a donde vienen los pasos...
Los pasos ya están detrás de ellos.
El Nivel tiene capacidad para 144 presos.
Actualmente tiene 137.
Hay 7 lugares vacíos.
Los custodios no saben si están vacíos porque nadie los ocupa.
O porque lo que los ocupa no es visible.

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