Ictiocentauros

 


Los Ictiocentauros eran seres híbridos del mar:
torso humano, parte frontal de caballo, y una poderosa cola de pez que se agitaba en las aguas primordiales.
No caminaban.
Emergían.
Aparecen en tradiciones tardías, especialmente en las Dionisíacas de Nono de Panópolis, como criaturas marinas vinculadas al séquito de Afrodita.
En algunas representaciones, dos de ellos —Afros y Bitos— acompañan el nacimiento de la diosa cuando surge de la espuma del mar.
No eran monstruos.
Eran símbolos.
Si el centauro representa la lucha entre razón e instinto,
el ictiocentauro representa algo más profundo:
La unión entre lo humano…
lo animal…
y el abismo.
Porque el mar, en la mitología griega, no es solo agua.
Es origen.
Es misterio.
Es lo que no se puede domesticar.
Los Ictiocentauros no pertenecen a la tierra ni al Olimpo.
Pertenecen al límite.
Y los límites, siempre revelan lo que somos.

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